vendredi 21 octobre 2005

Historias de París, semanas III y IV

Acaba ya la segunda semana en la Escuela, y las cosas van bien, pero muy bien. Y con mucho trabajo. Esta frase me hace recordar un comercial televisivo chileno en que dos niños jugaban al papá y a la mamá y ella le decía: “Hola mi amor, ¿mucho trabajo?” y él respondía: “sí, demasiado”… aunque mi papel debería ser el del “marido” y que no hay nadie, por el momento, que me diga “hola mi amor” -ya vendrá, se lo estoy pidiendo a San Expedito, “el que hace los milagros rapidito”, esperando que no me falle-, al final de cada día me digo: “mucho trabajo, demasiado”.

Me toca una profe que no sabemos de dónde es, la de “perfeccionamiento del inglés”. Tenemos una apuesta entre los hispano-hablantes, que somos cuatro, una sevillana (¡y olé!) y tres latinoamericanos (una venezolana, un mexicano, y yo), a ver quién logra adivinar de dónde es la "ticher". Es larga como un fideo, colorina o pelirroja, según el país donde se diga, flaca como un espárrago y de acento raro. Londinense no es y pa’ mí que muy british tampoco, porque no habla así como los de la BBC. El otro día hablaba de “rol” y yo le entendí “raw”, así que entre un papel a desempeñar y algo crudo, pues vaya que hay diferencia, así que pa’ mi que mi inglés en vez de mejorar va a empeorar, porque me doy cuenta de que si no me habla un mancito de la BBC, “mi no entender un carajo de inglich”.

Luego tengo traducción de inglés a español con una mexicana fresa a morir. Fresa queridos lectores amigos, en lenguaje mexicano es sinónimo de pija, gomela, cuica, o como se quiera definir a aquella gente que habla con un papa -o patata- en la boca. La susodicha es joven, muy emperifollada y parece que no le bastaron los tres meses de vacaciones que tuvo porque nos anunció desde la primera clase que ella se iba en noviembre quizás a dónde, pero que se iba, y que por tanto nos tocaba quedarnos media hora más en clase para remplazar los días en que ella no vendrá. Todo sería medianamente justo, de no ser porque la clase es de las siete a las nueve de la noche, y que los horarios son así porque la muy linda no tiene tiempo antes. Yo siento como que en alguna parte la mujer esta está disponiendo de mi tiempo –y del de todos-, y me viene inmediatamente a la mente la frase de mi madre esa que dice: “de mi tiempo dispongo yo”. Pero mejor me callo la boca porque la profesorcita me da como mala espina y no quiero tragarme espina alguna primero, porque no como pescado y segundo, porque es peligroso para la integridad física.

A dos cursos no pude ir la primera semana a causa de la administración franchuta. Me tocó ir a la visita médica obligatoria (obligatoria pa’ todos los que venimos de países tercermundistas). Aquí hago un paréntesis, porque mis compañeros latinoamericanos, que son tan tercermundistas como yo, no tuvieron que pasarla. ¿Por qué yo sí y ellos no? Pues porque ellos, a pesar de haber vivido la mayor parte del tiempo por allá por el tercer mundo, pues tienen nacionalidad europea. ¡Ajá! Eso quiere decir que si tus abuelos, tus papás, o tus tatarabuelos, eran o son de este lado del charco ENTONCES la tuberculosis te hace el quite porque huele tu sangre “primermundista”. Y lo mismo hacen los mosquitos que transmiten la fiebre amarilla, el paludismo y otras enfermedades de países raros. Inteligentes los bichos esos. Saben que eres diferente. Y ni qué decir del bacilo tuberculoso, que ese sí que es un verraco. El bicharraco ese, que es minúsculo pero no por eso huevón, evita contaminarte justo a ti. Increíbles paradojas de la ciencia médica. Ahora resulta que no somos nosotros los homo sapiens sapiens, los únicos dotados de un cerebro espectacular, sino que infinitamente minúsculas criaturas de este, nuestro planeta, nos hacen una competencia ni la macha. Yo, que desde que me enteré de que en caso de desastre nuclear las únicas que van a sobrevivir son las cucarachas ya estaba preocupada, ahora sí que quedé pior. Tenaz la vaina, tenaz. Cierro paréntesis. Entonces como decía, me tocó la visita médica obligatoria. Y eso que hace seis años ya había tenido que pasarla. Y en ese entonces, además de la radiografía de los pulmones (que supuestamente muestra si tuviste al bacilo vacilando por tu cuerpo) y de que te pesen, te midan y te hagan leer el abecedario en un tablero para ver si necesitas gafas, pues te hacían hacer pipí en un frasco y te decían si estabas malito. Pero ahora ni pipí hay que hacer. Pero eso sí, pagas 55 € por la gracia. Gracias. Y yo tuve que repetirla porque los 5 años que viví aquí pues desaparecieron del mapa, dado que me fui uno, y a España, o sea aquí a la vuelta de la esquina. Nuevamente paradojas de la ciencia, pero esta vez se trata de la ciencia matemática. Según el sistema cartesiano de la administración pública franchuta 5+1 = 0.

En fin. Luego tengo clase de perfeccionamiento de francés. El primer día que abrí la boca veintiún pares de ojos, los de mis veinte compañeros de curso más los de la profe, se dieron vuelta a mirarme. Algunos llevaban en sus rostros multiculturales (porque somos todos todo menos galos) una evidente expresión de espanto, otros de angustia, y otros –los menos- de curiosidad. Dentro de estos últimos estaba la profe, que estaba tan sorprendida con mi acento que pensó que yo era de este lado del charco. Pero como yo andaba ese día con la radiografía de mis pulmones bajo el brazo, pues creo que se dio cuenta de que yo no soy de por aquí, sino de por allá. La profe supuso que yo era técnicamente bilingüe, y para tranquilizar a los demás dijo algo que casi me hizo alebrestarme: “su dominio del francés es increíble, y realmente estoy impresionada. Pero eso sí, que el resto se tranquilice, porque los bilingües no son forzosamente los mejores traductores”. Yo abrí mis castaños ojos y mi enorme bocaza y le dije: “ah, pues eso sí que es tranquilizador. Muchas gracias por el piropo, se le agradece sumercé”. Juepucha. Desde ya me están diciendo que en una de esas estoy destinada al fracaso… Que no se enteren ni mi papá Rami ni el resto de sus amigos porque les da soponcio.

Pero bueno, muy interesante todo, a pesar del sufrimiento que provoca el tener tres materias en las que estoy más perdida que una aguja en un pajar, dado que se trata de “Economía” (y como la mía es paupérrima debiera por tanto llamarla “Econovuestra”), “Finanzas y Negocios”, y “la Empresa y su entorno”. Joder macho, como dicen en Hispania. Espero que el curso me sirva al menos pa’ ponerme más pilla con la vaina de la platica, porque pa’ eso yo soy un desastre.

Cambiando de tema, les cuento que la semana pasada el clima estuvo espectacular. Cálido, soleado, hermoso. El otoño parisino en todo su esplendor. Pero claro, no se pudo evitar el contagio, y el buen humor característico de los habitantes de la ciudad se hizo con el clima: ahora hace un frío que no se lo aguanta ni el putas. Y como es natural, los bacilos no tuberculosos (espero) y los virus de toda clase que pululan en el metro, el autobús, los salones de clase y demás lugares frecuentados por homos sapiens -que tosen, escupen y demás actos salivales-, los bichos estos, digo, andan dándose un festín. Y claro, yo hago parte de dicho festín. Así que estoy con una gripa insoportable, tosiendo, sonándome y expandiendo los bicharracos en cuestión, urbi et orbi.

Lo mejor de estas dos semanas ha sido evidentemente la fauna humana que he tenido la dicha de conocer… gentes de todas partes, ante las cuales me encuentro gesticulando en italiano, agradeciendo en ruso, haciendo movimientos ceremoniosos en japonés y mandarín, y carcajeándome en español o castellano, como quieran llamarlo. En francés la cosa es más seria y se mantiene en el ámbito puramente escolar, o cuando he de ir a comprar la baguette cotidiana o saludar al chofer del bus.

Por último, y para tranquilizar a todos aquellos que sufrieron mi calidad de indocumentada ilegal y clandestina del año pasado, esta semana obtuve mi visado de estudiante. La cosa, como es habitual, fue un martirio digno de novela de terror. En la prefectura, primero no encontraban mi carpeta, o sea que era NN. Luego, cuando la encontraron –es decir, dos horas después- se fue la luz durante media hora, y para finalizar, y cuando todo estaba listo para que me pegaran la salvadora visa en el pasaporte, la única que se ocupa de dicho procedimiento (imprimir la visa y pegarla) decidió irse a tomar un café, que probablemente fue a plantar, cosechar, tostar, moler y preparar con agua hirviendo, porque la susodicha se demoró como una hora. Pero bueno. Salí famélica y con dolor de cabeza, pero diciéndome que por lo menos no tengo que volver a pisar ese lugar sino hasta dentro de un año.

Ya, no los aburro más…


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