jeudi 30 novembre 2006

Fines de noviembre

Hace mucho que no escribo contando mis aventuras, porque la verdad es que no he tenido mucho que contar… hasta ahora.

Digamos que desde San Huevoncín me sucedieron algunas cosillas, pero nada extraordinario… No se emocionen, que de momento tampoco es que haya ocurrido nada especial, pero bueno, igual tengo cosas que contar.

Después de un invierno interminable, que duró hasta mediados de junio, vino una ola de calor insoportable. En los 15 metros cuadrados que tiene mi hogar creí morir… de hecho, imaginé que los vecinos me encontrarían muerta en mi cama, empelota (porque me era imposible ponerme siquiera calzones), hedionda, fétida y putrefacta frente al ventilador en marcha (una escena espeluznante, ahora que lo pienso)… Pero sobreviví. Una maravilla. Ustedes se preguntarán qué hacía yo en París, en verano, y sufriendo de esa manera. La respuesta es simple: estaba esperando los resultados de la escuela, y no me los dieron sino hasta mediados de julio. Pasé de curso (¡cómo suena de bonito eso, como en el cole!), lo que fue motivo de júbilo, sobre todo porque aquello era sinónimo de papeles por un par de años más y la obtención de un diploma más que decente.

Me fui a Madrid a chupar calor, pero por suerte donde Rami hay aire acondicionado. Y me pasé el resto del verano en la casa, mirando series gringas que dizque pa’ practicar mi inglés. Me vi “Sexo en N.Y.” y me di cuenta de que, al menos en la tele, se puede ser treintañera y soltera sin que por ello la situación sea deprimente… Claro que las viejas esas se la pasan fornicando, cosa que yo desafortunadamente no hago. El vicio y el fornicio, amenizados por unos traguitos (a los que tampoco les hago) seguro que ayudan a sobrellevar más fácilmente la soltería. También aprendí mucho acerca de qué hacer en caso de matar a alguien, gracias a C.S.I.: si descuartizo al vecino, tengo que limpiar la escena del crimen con cloro. ¡Facilísimo!

Volví a París en septiembre creyendo que había encontrado por fin un trabajo digno… era en el Consulado de Chile, con el cónsul, en fin, todo de mucha categoría. Al principio la cosa era trabajar gratis porque existía la promesa de que me contrataría después. ¿Después? ¡Y una mierda! El tipo ese resultó ser un roto tirado a gente, como dicen por allá en el sur del mundo, un guache como dicen en Locombia, y un gilipollas como dicen en Madrid (yo siempre tan internacional).

En octubre empezaron las clases, todo muy difícil, todo muy complicado. Ojeras, poco dormir, en fin… horroroso. Hoy en día manejo mejor la cosa, aunque vuelvo a tener profesores absolutamente terroríficos (especialmente tres que conforman “el trío del horror”).

La primera profesora se presentó como la más top del mundo. Una vieja horrible (parece salida de un cuento de esos donde los malvados tienen narices con verrugas y mocos verdes), con una cara de gremlin horripilante que no se la quita ni Dios. La tipa nos hace traducción económica del español al francés. Ustedes pensarán que traducir economía es hablar de tipos de interés, crecimiento, PIB, países en desarrollo y todas esas cosas tan del FMI. ¡PUES NO! Traducción económica, según esta energúmena, es saber que Fulanito de Tal, Pepito Pérez, Zutanito Gómez y Pepita Mendieta pasaron a mejor vida desde la última asamblea general, y que el banco de Chuchunco City lamenta su pérdida porque se trataba de personalidades excelentísimas (a todo esto, los susodichos murieron hace 30 años porque los textos datan de esa fecha, así que ni los expertos de C.S.I. serían capaces de reconocer quién era quién). Para terminar de rematarla, y a pesar de que ha tenido 30 años para enterarse de lo que dicen los textos, pues la tipeja esa no entiende el español. Y como a mí eso me revienta las pelotas (metafóricamente hablando, of course) pues se lo he hecho saber. Y como la vieja es de armas tomar, me odia. Así de simple. Pero bueno, así es la vida. Además, el odio es mutuo. Así que no se preocupen.

La segunda es una peruana que yo no sé dónde aprendió modales, pero pa’ mí que nunca le mostraron siquiera un Manual de Carreño. El primer día ni nos saludó, cada vez que nos manda un mail es como si nos quisiera insultar, y en clase no nos pega porque sabe que la denunciaríamos. Así que todo muy agradable.

La que cierra este trío de atrocidades es una viejita absolutamente miedosa. Parece que también salió de un cuento de brujas, porque aparte de ser horriblemente fea (pobre), la vieja tiene un culo descomunal. Tanto, que ya todas estamos traumatizadas, diciéndonos que el culo se nos va a volver así de tanto estar sentadas traduciendo manuales de instalación de lavadoras automáticas. Eso en vez de un trasero es como una especie de gelatina de tres pisos (uno que va de las rodillas a debajo del traste, el segundo, que es la mitad del trasero pa’ abajo y el tercero, la otra mitad pa’ arriba), cada piso con vida propia, moviéndose de un lado para otro, en tres tiempos distintos. Como un vals, pero un vals espantoso, “el vals del culo”. Parece título para una canción de reggaetón. Lo más dramático es que el curso parece introducción a una secta, pues se trata de la “teoría de la Escuela”, y es una especie de lavado de cerebro donde nos dicen que somos los mejores. Es como tener una coach de Programación Neurolingüística todos los viernes a las 15:30, sólo que el resultado es como pa' tirarse al Sena, sin flotador. Y pa' empeorar las cosas, la susodicha babea, y mucho. Para evitar que su saliva (y por tanto su ADN, como lo aprendí en C.S.I.) se desparrame por doquier, saca un pañuelo usado y se limpia la boca cada dos por tres. El problema es que igual salpica, por lo que la susodicha también usa el usado pañuelo para limpiar el escritorio. Horripilante.

Gracias a la visión semanal de ese culo, he tomado la decisión de hacer deporte, porque más vale prevenir que curar. Así que cuatro veces por semana voy a rebajar los michelines que todavía no me salen, por si acaso.

Obviamente tengo también profes buenos, pero bueno, de lo bueno como pa’ qué vamos a hablar, ¿no? Muy aburrido. Hay una colombiana cachaca a morir, que cada vez que voy a clase me muero de la risa, porque una vieja que te dice “ay, vea pues tan interesante” con acento bogotano del de verdad, pues es demasiado cómico.

Y San Expedito sigue sin hacerme el milagrito y yo ya empiezo a desesperarme, sobre todo porque llega el invierno y ya no quiero tener que andar con la bolsita de agua (guatero chilensis) pa’ arriba y pa’ abajo como el año pasado, porque la cosa es demasiado deprimente. Así que he tomado cartas en el asunto. Me he inscrito en un sitio Web para encontrar a la media naranja, o al medio limón, o al cítrico que sea. Mi hermano Lucho está con pánico de que me vaya a tocar un psicópata y cada vez que me lo cruzo en Internet me ruega que por favor me salga de ahí. Rami todavía no sabe nada, pero cuando se entere yo creo que le va a dar un yeyo. Es la etapa previa al suicidio, me dirán ustedes, pero bueno, a esos niveles de desesperación he llegado.

La cosa es que me han contactado muchachos de lo más particulares. El mejor fue un carnicero que se presentó a sí mismo como viril y corpulento (claro, pa’ andar descuartizando vaquitas seguro que se necesita músculo). Ante la pregunta "¿si tuviera el poder para cambiar algo, qué sería?" dio como respuesta algo intraducible (pero pa’ los que entienden francés, aquí les va): “J’aimerais pouvoir contribuer à la paie dans le monde”. ¡Virgen del Agarradero! Traducción explicada: el tipo quisiera poder contribuir a la paz en el mundo (muy loable de su parte), sólo que en francés, paz es paix y no paie (paie es pago)… las dos palabras son homófonas. Pobre mancito. Obviamente al leer eso hice “delete”. Hay otro al que llamo Heidi porque viene por allá de Saboya y dice que le hacen falta las vaquitas (¡otro más que añora los rumiantes!). Pero bueno, me contactó un profesor que parece interesante y un astrofísico como guapo y aparentemente inteligente, cosa que me tiene medio emocionada. El problema es que desde que le mandé mi foto, no me volvió a contactar. Jajajaja ¡joé, qué mal estoy!

Ya, no los aburro más…

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dimanche 2 avril 2006

A las dos, el dos

Son las dos de la mañana de este domingo dos de abril… ¿y me pueden creer que está cantando feliz un pajarito? Increíbles y maravillosas sorpresas que nos da la vida, sobre todo cuando parece que la susodicha es una mierda.

Me explico: desde hace dos semanas ando con el ánimo por los suelos. Me dio una bronquitis-faringitis-otitis-mamoncitis ni la verraca, al punto de haberme quedado afónica. O sea, no podía ni quejarme. Fatal.

Por otro lado, la escuela me tiene hasta más arriba de la coronilla (por algo soy Princesa) y el hastío empieza a invadirme. No me lo creo, hay concierto de pajaritos: parece que el que había empezado terminó despertando a los cuates y les dio a todos por darme una hermosa serenata nocturna… En fin. Sigo. La mediocridad, plaga maldita, se ha apoderado de profesores y alumnos… si pudieran Ustedes verle la cara al huevón que supuestamente me enseña derecho, pues me darían la razón. Y es que no es sólo la cara, porque mal que mal el pobre qué culpa tiene de tener semejante jeta, pero es lo que dice y cómo lo dice… Además de lo anterior, las huelgas generalizadas tienen a todo el mundo en un estado de agresividad contagiosa…

Y para peor, San Expedito nada que me hace el milagrito, y yo sigo aquí soltera y sin compromiso, cavilando acerca de mi 31 cumpleaños que ya pronto llega, y que no tengo ni mancito, ni casa, ni carro, ni perro que me ladre, y que quizás mejor y vuelvo a pensar en hacerme monja. Al menos ahí me casaría –y ni más ni menos que con el mismísimo Dios-, y mi alma estaría salva. Pero es que eso de tener que renunciar por fe al sexo pues me parece demasiado. Por el momento he tenido que renunciar a los placeres de la carne, pero obligada por las circunstancias. Por decisión propia, ¡ni de vainas!

La primavera ha llegado, ojalá que para quedarse… pero en París nunca se sabe. Yo de momento espero que venga a florecer mi corazón. Ya les contaré… Ha terminado la serenata y se me están cayendo los ojos del sueño.

No los aburro más…



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lundi 6 mars 2006

El número de la Bestia


Buenas buenas… estamos a 6 de marzo de 2006 y son las 6 de la mañana… y no crean que ando levantada a horas tan matinales por aquello de que “al que madruga Dios le ayuda”, qué va. Es culpa de los 6 tés a la bergamota que me tomé ayer después de las 6 de la tarde… claro, quién me manda, pero en fin. Me acosté hace escasas 4 horas y 3 de ellas me las he pasado meando. Estoy como esa propaganda de pañales rusa donde sale un bebé –ruso- diciendo -en ruso- (que no sé cómo se dirá, pero es que a mí el cuento me lo echaron traducido al español): “yo bebo, y hago pis”. Delicious darling, francamente. Sobre todo porque en unas cuantas horas he de ir a clase con la gringa a la que no le entiendo ni una palabra, y no sé en qué estado voy a estar (después me toca con la mexicana Bruta de Brutus esa que tiene cero cultura general) así que mi semana comienza más que estupendamente. ¿Por qué tendrán que existir los días lunes?

La vez pasada les escribí durante la semana de San Huevoncín, ese que hace que los comerciantes nos atiborren de corazoncitos y nos depriman más de la cuenta, y aunque mi vida sentimental sigue siendo igual -léase inexistente- el ánimo anda algo mejor.

Estas últimas semanas he descubierto lo que hasta entonces era para mí un misterio, esto es, la vida de oficina. Estuve trabajando once días en una traducción en Madrid donde “el cliente”, y la cosa no tiene nada de fácil, sobre todo cuando una se ha acostumbrado a acostarse, levantarse, comer, ver amigos, y otras funciones orgánicas básicas, a cualquier hora del día y de la noche. Aquí hay horarios. Y no sólo eso. Se trabaja rodeado de gente. Y he descubierto también los efectos del trabajo (aquello de “el sudor de la frente”) esto es, llegar agotada a la casa –pero agotada no es palabra, muerta queda mejor- y no hacer otra cosa en la vida que lo que los franchutes llaman “métro, boulot, dodo” (traducido es algo así como “metro, pega/curro/laburo/trabajo, y a dormir”). Impresionante. Como además tuve que traducir directamente el texto desde la pantalla del computador, los ojos me quedaron como si me hubiera fumado cincuenta cachos de marihuana (nunca me he fumado ni uno, dicho sea de paso) y parece que los efectos me duran hasta ahora, dado que el sábado, una semana después de haber terminado el trabajo, dos amigos me preguntaron que en qué vainas raras andaba por aquello de mis ojos enrojecidos. Es decir, trabajar es malo pa’ la salud, pero bueno pal bolsillo. Vaya dilema, “to work or to have a life: that is the question”. El último efecto de mis días de trabajadora proletaria me llevaron a sentir un remordimiento bien tardío, al darme cuenta de que cuando el capullo de Florian me decía que estaba cansado después de una ardua jornada laboral, no me mentía y yo, haciendo oídos sordos –la ignorancia es atrevida- lo atosigaba con nuestros problemas conyugales. Pero en todo caso, hasta merecido se lo tiene, el muy cabrón. A todo esto, ¿me pueden creer que el susodicho me escribió el 5 de febrero, a eso de la medianoche, para desearme dizque “feliz año nuevo”? La cosa no pasaría de lo anecdóticamente ridículo, si no fuera porque minutos después, es decir, a medianoche, comenzaba el 6 de febrero, día de su vigésimo noveno cumpleaños. Yo creo en las coincidencias pero no soy pendeja. Patético personajillo. Obviamente lo deletié sin más.

Desde San Huevoncín ando preguntándome si debo darle un empujoncito al destino y por tanto he estado cavilando acerca de la posibilidad remota de meterme a algún sitio Web de esos de “encuentros”, que por lo demás abundan, y por tanto vender mi alma al diablo mandando el romanticismo al carajo, pero no me atrevo. Es que no sólo la sola idea me deprime, sino que me da pánico (con esta suerte tan mía, capaz que me salga algún loco demente).

Sin embargo, y pese a que es invierno no sólo al otro lado de mi ventana sino en mi habitación de 15 metros cuadrados –y de paso, “en mi corazón”, como cantaba por ahí una falsa rubia platinada- ayer desperté luego de un sueño erótico con tintes pornográficos absolutamente increíble… y aunque las sensaciones fueron lo máximo, la despertada no lo fue, porque me trajo directamente a la realidad y mi realidad desde ese punto de vista es funesta. Pero bueno, aunque mi vida sexual fue tardía y corta, al menos permitió que de cuando en vez mis sueños sean algo más que meramente interesantes. Sólo falta que los sueños se vuelvan realidad, y para eso ahí sigo rogándole a San Expedito, pero en vano. Parece que el mancito anda muy ocupado resolviendo asuntos que él considera más urgentes desde el punto de vista de la santidad, y no sé cómo hacerle entender que eso de la vida orgásmico-pecaminosa-romanticona igual tiene su urgencia…

Bueno, no los aburro más.


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mercredi 15 février 2006

San Huevoncín

Hace tiempo que no me sentaba a escribir acerca de mis aventuras y desventuras parisinas… Y no es porque mi vida sea plana como lo era la tierra para nuestros antepasados, o que no tenga nada para contar… siempre tengo algo para contar, no por nada fue que nací cotorra… no sé, será que ando medio desganada…

Las últimas líneas fueron aquellas en las que daba cuenta de mis primeras semanas por esta ciudad… varias semanas han pasado desde entonces… mi regreso es ya cosa vieja, cinco meses se pasan volando…

La escuela sigue siendo de dulce y de agraz, un poco como la vida misma. Hay profesores que me encantan aunque a más de uno no le entienda un comino, otros que en alguna vida tienen que haber sido o serán somníferos, y otros que hacen que mis instintos asesinos se despierten alborotados. Afortunadamente tengo compañeros que hacen que con sus risas la vida se torne nuevamente luminosa y alegre.

La navidad estuvo helada, gélida, no tanto como en Moscú, pero igual tuve que ir a comprar una de esas bolsas para llenar de agua caliente que en Chile llaman guatero… es que eso de no tener quién te caliente los pies –y de pasada el corazón- no sólo es deprimente sino también costoso. Pero bueno, “no hay mal que por bien no venga” y la bolsita sigue cumpliendo su función fielmente, y lo seguirá haciendo hasta que el Comandante Invierno sea derrotado por la Princesa Primavera.

Las fiestas las pasé con los miembros de la ALSF (la Latin connexion de la que ya les hablé) y lo pasamos fenomenal… ajiaco santafereño para Navidad, buffet de maravilla en Año Nuevo, amenizado por el chucuchucu de rigor y las carajadas de ídem.

Y pues de resto estudiar, traducir… me he sacado buenas notas, salvo en lingüística, cosa que me preocupa dado que me he enterado de que a algunos profes no les interesa que sus alumnos entiendan, sino que repitan como loros… el problema es que yo soy cotorra y no lora, y pues si la ornitología nos considera aves diferentes es porque lo somos. Yo echo cháchara como descocada pero no repito. El loro repite. Yo, cotorra, invento. Divago. “Cogito” como diría Descartes (“un tipo del siglo XVII” como diría mi profe mexicana, la pendeja esa de la que ya les hablé en una ocasión pasada. En realidad ella hablaba de Brutus, “un tipo de Roma” pero yo creo que pa’ ella todos los personajes de la Historia son unos tipos por ahí de alguna parte).

En cuanto al resto de noticias, pues nada especial. Ayer fue el maldito día del amor y claro, eso de los corazoncitos por todos lados es una provocación pa’ todos aquellos que nos hemos convertido en miembros beneméritos y vitalicios del “club de corazones solitarios del Sargento Pimienta” como cantaban los Beatles. Espantoso. Yo la verdad es que no sé qué mierda les pasa a los hombres. O son todos huevones, o son todos maricas. Porque estoy en una escuela en la que habemos como 130 viejas, muchas de las cuales estamos más que potables (eso sí pa’ qué), y la mayoría somos solteras. Yo si fuera hombre andaría como chulo/buitre/jote buscando presas allí mismo, pero no pasa nada. Increíble. Ahí sigo rezándole a San Expedito, “el santo que le hace a uno los milagros rapidito”, pero se ve que anda ocupado resolviendo asuntos que él considerará más urgentes, pero yo no estoy de acuerdo… ¿y el mancito de mi vida qué? No me importa que sea “un tipo de París”, o uno de donde el Diablo perdió el poncho, pero que haya alguno, joder, que ya soy una “mujer de las tres décadas” y aparte de la bolsa de agua voy a tener que empezar a gastar en cremas antiarrugas…

En fin, perdonen semejantes reflexiones pero es que son mi preocupación del momento (momento pasado, momento presente y que Dios me libre que sea también momento futuro).

Bueno, y como mi vida madrileña sigue siendo parte de mi presente, pues todavía soy incapaz de acostarme antes de las dos de la mañana. Además de las cremas antiarrugas me tocará empezar a usar correctores de ojeras… ¿Existen? En fin, los dejo por ahora, trataré la próxima vez de ser un poco más dicharachera (cómo me gusta esa palabra, joé)… Buenas noches…


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