Las últimas líneas fueron aquellas en las que daba cuenta de mis primeras semanas por esta ciudad… varias semanas han pasado desde entonces… mi regreso es ya cosa vieja, cinco meses se pasan volando…
La escuela sigue siendo de dulce y de agraz, un poco como la vida misma. Hay profesores que me encantan aunque a más de uno no le entienda un comino, otros que en alguna vida tienen que haber sido o serán somníferos, y otros que hacen que mis instintos asesinos se despierten alborotados. Afortunadamente tengo compañeros que hacen que con sus risas la vida se torne nuevamente luminosa y alegre.
La navidad estuvo helada, gélida, no tanto como en Moscú, pero igual tuve que ir a comprar una de esas bolsas para llenar de agua caliente que en Chile llaman guatero… es que eso de no tener quién te caliente los pies –y de pasada el corazón- no sólo es deprimente sino también costoso. Pero bueno, “no hay mal que por bien no venga” y la bolsita sigue cumpliendo su función fielmente, y lo seguirá haciendo hasta que el Comandante Invierno sea derrotado por la Princesa Primavera.
Las fiestas las pasé con los miembros de la ALSF (la Latin connexion de la que ya les hablé) y lo pasamos fenomenal… ajiaco santafereño para Navidad, buffet de maravilla en Año Nuevo, amenizado por el chucuchucu de rigor y las carajadas de ídem.
Y pues de resto estudiar, traducir… me he sacado buenas notas, salvo en lingüística, cosa que me preocupa dado que me he enterado de que a algunos profes no les interesa que sus alumnos entiendan, sino que repitan como loros… el problema es que yo soy cotorra y no lora, y pues si la ornitología nos considera aves diferentes es porque lo somos. Yo echo cháchara como descocada pero no repito. El loro repite. Yo, cotorra, invento. Divago. “Cogito” como diría Descartes (“un tipo del siglo XVII” como diría mi profe mexicana, la pendeja esa de la que ya les hablé en una ocasión pasada. En realidad ella hablaba de Brutus, “un tipo de Roma” pero yo creo que pa’ ella todos los personajes de la Historia son unos tipos por ahí de alguna parte).
En cuanto al resto de noticias, pues nada especial. Ayer fue el maldito día del amor y claro, eso de los corazoncitos por todos lados es una provocación pa’ todos aquellos que nos hemos convertido en miembros beneméritos y vitalicios del “club de corazones solitarios del Sargento Pimienta” como cantaban los Beatles. Espantoso. Yo la verdad es que no sé qué mierda les pasa a los hombres. O son todos huevones, o son todos maricas. Porque estoy en una escuela en la que habemos como 130 viejas, muchas de las cuales estamos más que potables (eso sí pa’ qué), y la mayoría somos solteras. Yo si fuera hombre andaría como chulo/buitre/jote buscando presas allí mismo, pero no pasa nada. Increíble. Ahí sigo rezándole a San Expedito, “el santo que le hace a uno los milagros rapidito”, pero se ve que anda ocupado resolviendo asuntos que él considerará más urgentes, pero yo no estoy de acuerdo… ¿y el mancito de mi vida qué? No me importa que sea “un tipo de París”, o uno de donde el Diablo perdió el poncho, pero que haya alguno, joder, que ya soy una “mujer de las tres décadas” y aparte de la bolsa de agua voy a tener que empezar a gastar en cremas antiarrugas…
En fin, perdonen semejantes reflexiones pero es que son mi preocupación del momento (momento pasado, momento presente y que Dios me libre que sea también momento futuro).
Bueno, y como mi vida madrileña sigue siendo parte de mi presente, pues todavía soy incapaz de acostarme antes de las dos de la mañana. Además de las cremas antiarrugas me tocará empezar a usar correctores de ojeras… ¿Existen? En fin, los dejo por ahora, trataré la próxima vez de ser un poco más dicharachera (cómo me gusta esa palabra, joé)… Buenas noches…

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