samedi 30 juin 2007

Primer semestre de 2007

Buenas y santas,

Desde el año pasado que no me reporto… Mis últimas aventuras se remontan a noviembre de 2006, cuando les conté aquello del sitio Web y la etapa previa al suicidio. Como podrán darse cuenta, no pasé a la etapa siguiente y sigo vivita y coleando en este planeta, y hasta nueva orden.

Como es el último día del mes de junio (es medianoche), y como por tanto el año llega justo a su media vida, procedo pues a hacerles un recuento de mis aventuras y desventuras de estos meses transcurridos y escurridos, porque con todo lo que ha llovido no hay verbo que se preste mejor para describir la irrealidad parisina.

En el sitio aquel del carnicerito amable que quería contribuir a la paga en el mundo, conocí a un par de muchachos. El primero era un profesor de primaria y por esas coincidencias de la vida, éramos vecinos. Decidimos vernos para ir a tomar algo un día de luna llena en que llovía a cántaros (pa' variar). Al salir del café, el hombre, en una maniobra que debe haber practicado muchas veces en la soledad de su habitación, logró, mientras abría el paraguas, agarrarme por la cintura, hacerme una llave inglesa (porque la ingle ¡zas! me la dio vuelta de un tacazo) y me metió la lengua hasta más allá de las cuerdas vocales. ¡Chucha! exclamó la princesa (en su cabeza, porque la lengua estaba inmovilizada en aquel momento). Cuando logré zafarme, salí despepitada y del hombre, obviamente, no volví a tener noticias. Pensé en mi hermano Lucho y en su preocupación de que me tocara un psicópata. Pues me tocó. Segundo man que me besaba en la vida, ¿pueden creerlo? Y beso robado, pa’ más remate.

El segundo era un ser bastante particular. Tan particular resultó ser el susodicho, que no sólo me dio la hora, sino que me dio un beso (y más), pero de una manera mucho más cortés y decente que el psicópata demente, porque el pobrecito era anticuadísimo. Aunque yo no estaba ni estaré nunca a su altura (porque el mansote mide casi uno noventa) y pese a que espero que nunca llegue a darle el peso (porque el susodicho pesa como 100 kilos), el hombre me embrujó, me sedujó… y me dejó. Snif. Todo muy triste y muy de pañuelo de tela. Pero como dicen por ahí “fue bonito mientras duró”. Y me permitió darme cuenta de que no me mintieron aquellos que me aseguraron durante meses que sí es posible querer a alguien más que el “primer amor”... Porque como bien saben, a mí me costó un huevo y la mitad del otro (metafóricamente hablando) sacarme del corazón al gran capullo de Florian.

El Guatón, como se apoda el individuo, resultó ser una buena medicina, pese al trágico final de nuestro breve y fugaz encuentro. O sea, el final no fue taaaan trágico, no hubo sangre derramada, pero como fue final, igual fue trágico, y a falta de sangre hubo lágrimas (sobre todo suyas, porque a pesar de lo grande, era bien llorón).

En fin, “La historia con fin del Guatón y la Princesa” se desarrolló durante tres meses, y como yo soy tan internacional, tuvo lugar en “Talca, París y Londres”* (bueno, en vez de Talca fue Santiago, pero a escala del universo e incluso planetaria, ambas ciudades quedan al ladito). Yo en Santiago, él en París. Correos electrónicos. Promesas de amor. Besos trasatlánticos y transcordilleranos. Regreso a París. Breve encuentro. Yo en París, él en Londres. Besos viajeros a través del túnel de la Mancha. Él en Londres, yo en París. Visitas a Londres. Problemas de aduana. "Miss: como es possible que you vaya a London y que live en Paris y que say en your passport que you are chilena but que nació en Locombia. Very suspicious.”. Y yo con cara de circunstancia, dando explicaciones y blablabla.

En la escuela, mientras tanto, las idas a London me sirven para practicar el English. Sobre todo porque tengo una profesora que supuestamente me hace traducción de inglés a español pero que de inglés no tiene idea. Very, pero very good, pues.

Entre medio, como mi suscripción al sitio Web continúa, me contactan un par de mancitos. Yo les digo "sorry mis darlings, pero estoy ocupada. Bye bye (tut, tut, tut)". No tardaría yo en arrepentirme, porque la historia con el Guatón no duraría (lo ignoraba yo entonces) y uno de los mancitos era un hermoso arquitecto (con unos ojos verdes que te quiero verde y.. joé madre mía, me sorprendo a mí misma pensando pensamientos impuros). Según el test de compatibilidad del sitio (porque hay que pasar un test que dura como media hora y todo, muy serio el lugar aquel), con el bello teníamos 83% de afinidad... y con el Guatón sólo 51% (sin comentarios). Pero bueno, eso nos pasa a quienes tenemos al perro como animal totémico: somos fieles, y a veces bien pendejos.

En fin. Sigo. La historia con el Guatón termina.Esa semana, snif, una que otra lagrimita… y el día en que empieza nuevamente el reinado de las flores, es decir, el 21 de marzo, último día de Nicolas Sarkozy en el ministerio del Interior, salgo de clase y me voy caminando con una amiga hacia el metro para ir a almorzar. Nos reímos a las carcajadas y hablamos en español. Una mujer de aspecto extraño nos observa. Nos subimos al vagón y seguimos riendo. Cuando de pronto ¡zas! ¿El lobo? ¡No! La vieja rara, que en realidad no era ella sino él. Nos pega un tremendo grito sin llamarnos por nuestros nombres, como habría hecho cualquier ciudadano decente, sino con palabras que por pudor no transmito aquí. Nos damos vuelta y ¡paf! Cachetadas van y cachetadas vienen. En resumidas cuentas, la loca me da en la jeta (el ángel de la guarda de mi amiga es más guardián que el mío, porque ella salió ilesa). A mí, en cambio, la vieja me da como bombo en fiesta. Me dice que estoy celosa de su belleza, que ella es más bella que yo pero que tiene huevos (así de claro es su problema) y que soy mala amiga porque no la comprendo. En fin, tan divina ella. El resultado: como veinte cachetadas, varios moretones y un rasguño con uña de plástico de 20 centímetros que me dejará una cicatriz de guerra en medio de la frente, justo en el tercer ojo... Durante semanas tuve problemas para dormir, anduve con la cabeza gacha… y ahora me gasto toda la mesada en comprarme productos exfoliantes pero la cicatriz sigue ahí, entronizada.

Bueno, no los aburro más. Me voy a dormir arrullada por el sonido de la lluvia que cae, y cae, y cae…

* Talca es una ciudad del centro-sur de Chile y "Talca, París y Londres" es un dicho popular. Dicen los que saben que el origen de dicho dicho fue el siguiente: un inglés paseando por Talca dijo un día "Talca parece Londres". Con el acento del mancito y el oído poco fino de sus interlocutores la cosa quedó en "Talca, París y Londres"... ahora, para que Talca se parezca a Londres, basta con tener imaginación.

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